¡Acabad ya con esta crisis! (Reseña del libro de Paul Krugman)

¡Acabad ya con esta crisis! es un libro escrito por el que en 2008 fuera condecorado con el Nobel de Economía, el economista estadounidense Paul Krugman. Antes de nada se hace necesario recordar que Krugman se declara a sí mismo neo-keynesiano y sus planteamientos, aunque renovados, se acercan al axioma “Tanto mercado como sea posible y tanta regulación como sea necesaria”.

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Se trata de un libro extenso y a su vez didáctico: se puede hacer ciertamente repetitivo debido a la redundancia de los temas que se desarrollan pero se hace para no excluir a ningún lector, dado que la intención del autor es que las tesis del libro lleguen a la desorientada sociedad civil para que ésta exija un cambio a sus gobernantes, a los que cree abducidos y cerriles en sus decisiones de cara a resolver una crisis que no termina de irse (en su país) o bien, lejos de recuperar las cifras macroeconómicas, sigue empeorando trimestre a trimestre los datos macroeconómicos, el caso de la Europa del Sur y –vaticina- del continente europeo en su totalidad si no se le pone freno. A su vez, el libro abarca muchos temas y conceptos dentro de la disciplina económica, a saber: historia de la economía capitalista, el Crack del ’29 como primera experiencia de un desastre macroeconómico a nivel mundial en éste sistema librecanvista; la posterior aplicación de las recetas keynesianas; las tendencias económicas que dieron lugar a una nueva concepción de la economía, y conceptos básicos y su opinión sobre ellos como la inflación, el crecimiento económico, los inversores, el crédito, el desempleo..

Para empezar, el autor consigue sorprender y enganchar al lector transmitiendo un optimismo que choca con el discurso oficial al que nos tienen acostumbrados los políticos, resignados a tomar políticas antipopulares en nombre del bien común. Simplemente, Krugman argumenta que –a priori- no hay ninguna razón por la cual sea necesario ni esté justificado que el desastre económico acabe minando las condiciones de vida de la población de tal manera, que se expresa en desempleo masivo a causa del desplome del consumo, inactividad de la industria y ejecuciones hipotecarias que dejan a familias enteras sin su vivienda y a bancos que poseen viviendas que en el mercado son activos por los quenadie (o casi nadie) está dispuesto a invertir a corto plazo.

La razón principal que el economista americano sostiene que las bases que sustentan una economía sólida y capaz de dar bienestar a la población (existencia de recursos naturales y mano de obra cualificada entre otros) apenas han variado ni se han visto afectadas por la crisis económica, y que al fin y al cabo, lo que hace grave a la crisis no es el tamaño de una deuda pública desbocada, objetivo en el que se centran las políticas públicas, sino más bien la ausencia de demanda, a lo que él llama trampa de liquidez, concepto que introduce al lector con ejemplos fácilmente comprensibles. En este estado de las cosas, explica Krugman que la economía se encuentra en un estado en el que ninguno de los agentes consume, es decir, evita en lo máximo de lo posible contraer nuevas deudas o poner en circulación el dinero que ha obtenido del mismo mercado. En consecuencia, la economía -capitalista- cuyo desarrollo depende de la demanda agregada se ve inmersa en un pánico donde nadie se fía de nadie y la actividad económica, lejos de crecer, se contrae, con lo que la intervención del Estado para darle el empujón necesario a la economía debe darse.

Llegados a este punto, hay que puntualizar que el Premio Nobel de Economía, en vistas de una réplica por parte de los que apoda “neo-liberales”, razona que una crisis de deuda sí debe ser respondida con más deuda, pero contraída por parte de los actores menos endeudados. Aquí aparece el papel más importante del Estado, a su juicio, durante el ciclo económico: en los años de prosperidad éste ha sido austero y está saneado –o menos endeudado que la economía privada- gracias a que la época de bonanza le ha proveído de unos ingresos que debe saber administrar, por lo que cuando no haya nadie dispuesto a consumir y endeudarse para consumir y poner en funcionamiento la economía, la Administración deberá hacer lo propio facilitando e incentivando el crédito, la obra pública, bajando impuestos, además de socorrer a aquellos que, por consecuencias del ciclo económico, se han quedado sin ingresos.

Añade Krugman que estas políticas, lejos de haber fracasado por erróneas, no han tenido el efecto esperado por la timidez en su aplicación, puesto que en una economía tan grande como la estadounidense, por mucho que pueda parecer, un estímulo de 700.000 millones de dólares es ínfimo en comparación con una economía del tamaño de 15.000.000 millones si su misión es volver a ponerla en funcionamiento.

El economista no se queda ahí, y denuncia y señala a la desregulación que ha permitido que la industria financiera haya terminado por hacerse más importante que la real, a la vez que con el movimiento constante volátil de los mercados financieros sin control amparados en nuevas leyes que a la práctica eran desreguradoras o la ausencia de nueva regulación, el hecho de que una inversión financiera pueda fallar pone en riesgo el crédito y la confianza, con lo que los efectos se acaban viviendo en la economía real. Pone como ejemplo la desreguladora ley Gran-St. Germain y la abolición de las normas de Glass-Steagall con lo que a la pràctica se tradujo “en un estímulo a la conducta de riesgo (…) dónde solo los imprudentes sobrevivirían” (Krugman 2012:72).

Sigue desmontando clichés, uno de ellos muy extendido en el mundo de los economistas es de que la desregulación (sobre todo financiera) de los años ’80 ha traído consigo prosperidad y crecimiento económico, argumento que además de demostrar que es falso (en múltiples gráficos) apoya su tesis de que lo único que ha servido ha sido para potenciar las desigualdades entre asalariados y ejecutivos, sirviéndose para ello de ejemplos palmarios como la vida y el nivel de gasto de profesionales del mundo financiero como un gestor de los famosos hedge funds Larry Feinberg, que se compró una casa –o palacete- en la exclusiva zona de Greenwich por la friolera de 20 millones de dólares solamente para derribarla. Establece asimismo una comparativa que dejará abrumado al lector: tan sólo 25 administradores de fondos de capital riesgo llegaron a ganar tanto en un año como el equivalente al salario en el mismo espacio de tiempo que la totalidad de los profesores de escuela de la ciudad de Nueva York, unos 80.000.

Sin embargo, Krugman no deja con mal sabor de boca ni margina en ningún momento al lector europeo y español, dado que durante todo el libro menciona sus problemas, que más allá de la austeridad señala en una mala planificación de la moneda común, y tiene además un capítulo entero (el décimo) dedicado en exclusiva a su caso. Si bien es cierto que el libro está escrito desde una visión muy americana, los problemas de los que habla son comunes a españoles y europeos, con lo que sus indicaciones son bastante extrapolables.

En cuanto a la relación con el programa docente, es cierto que su intención es explicar cómo salir de la crisis, pero para ello, introduce al lector en el mundo de la economía, con lo que los conceptos que se aprenden en clase se solapan con los que se pueden sacar del libro, tanto a nivel microeconómico (empresas y hogares) como macroeconómico (general, cuentas nacionales).

Por ello, mi opinión es claramente favorable a recomendar la lectura del libro, que aunque sea largo y a veces poco llevadero, es bastante entendible si el lector selecciona los capítulos que va a leer según sus intereses, insisto: si le preocupan sólo los problemas de la zona euro y de la crisis de los países del sur del continente, con la lectura de una parte del libro puede quedar más que servido.

En definitiva, no gustará la obra quienes esperen encontrar en ella una justificación técnica a las políticas  económicas actuales, que se han demostrado cuanto menos ineficaces. Decepcionará no obstante sólo a aquellos que esperen una denuncia de las injusticias globales y a una rebelión mundial para acabar con las desigualdades en el planeta. El libro, aunque comprensible, es puramente economía y por ello lo considero un manual para entender la economía y a partir de ahí el por qué de la crisis mundial, donde el Krugman expone con sagacidad sus orígenes y causas para una comprensión más alla de la versión oficial del “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”.

Por Carlos Vecino

El premio Nobel de Economia en una conferencia

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