Una perspectiva energética de la crisis de Crimea

Mario Nespereira | Barcelona

Frecuentemente, bajo el telón de la geopolítica y las disputas territoriales entre los Estados más poderosos del país, se esconden intereses que van más allá del patriotismo y que se acercan casi siempre a los motivos pecuniarios. El caso de la crisis de Crimea no iba a ser una excepción.

La península de Crimea ha sido siempre un punto estratégico de control del comercio del Mar Negro. Hasta los años 50 había pertenecido a la Federación Rusa, dentro del marco de la Unión Soviética. Pero el entonces líder del bloque comunista, Nikita Kruschev, cedió el territorio a los dominios administrativos de Ucrania. No obstante, por encima del privilegiado enclave militar, Crimea es la llave de paso del gas ruso –controlado por la petrolera estatal Gazprom— hacia los países de Oriente Medio.

Mapa político de la Península de Crimea | BBC

Mapa político de la Península de Crimea | BBC

 Y no sólo Oriente Medio. Europa depende en buena medida del gas que llega desde Rusia puesto que el país exporta el 80% del gas que produce. Y la mitad de ese gas es conducido a través de  gasoductos que pasan por territorio ucraniano y conectan con países del Europa del Este, como Bulgaria, Eslovaquia o la República Checa.

 Según datos de la Comisión Europea, el 26% del gas que se consume en el Viejo Continente llega desde el país que dirige Vladimir Putin. Además, en el caso de Estonia, Letonia y Lituania, antiguas repúblicas anexionadas a la URSS, esta cifra alcanza la totalidad, es decir, el 100%. Tres países que cuyo consumo de gas depende exclusivamente de Rusia. En el caso de Rumanía y Polonia, los porcentajes son muy altos, un 97% y 70% respectivamente. España apenas recibe gas ruso.

Mapa de gasoductos procedentes de Rusia que cruzan Ucrania | Hidrocarburos Bolivia

Mapa de gasoductos procedentes de Rusia que cruzan Ucrania | Hidrocarburos Bolivia

Aunque esta perspectiva del gas ruso es comercialmente halagüeña para sus propios intereses, la crisis de Crimea parece que ha reportado sólo beneficios políticos. La Unión Europa, cuyos países occidentales tienen el poder real, planea sanciones económicas para los productos rusos, incluido el gas. La principal empresa de explotación de gas de Rusia, Gazprom, puede verse muy seriamente afectada, según la revista económica Forbes, si el país se ve sometido a una especia de aislamiento comercial, debido al volumen de las exportaciones. Actualmente, maneja una facturación de 31.000 millones de dólares, emplea a 415.000 empleados, lidera el ranking mundial de las empresas extractoras de gas y es la tercera corporación más grande del planeta. No cabe duda que un golpe a la empresa supondría un ataque grave a la primera línea de flotación de la economía rusa.

 Sin embargo, las previsiones de dependencia europea del gas ruso van en aumento para el año 2025, situándose en torno al 31%.

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