¿Por qué cambiar nuestro huso horario?

Mario Nespereira | Barcelona

Como viene siendo habitual por estas fechas, el debate en torno al cambio horario hace correr ríos de tinta en los periódicos y ríos de tinto en las barras de los bares. Aunque, quizás este año la cuestión esté más presente que nunca después de que hace siete meses, una subcomisión del Congreso de los Diputados estudiase la posibilidad de que España adoptara el horario británico, acorde con nuestra situación geográfica respecto al sol.

La imagen de satélite permite comprobar cuál sería nuestro horario natural siguiendo el meridiano de Greenwich

La imagen de satélite permite comprobar cuál sería nuestro horario natural siguiendo el meridiano de Greenwich

No obstante, la explicación de por qué no tenemos el horario que naturalmente nos corresponde viene de lejos y, como casi todo, por motivos políticos. En 1942, en el marco europeo de la Segunda Guerra Mundial, el Viejo Continente amoldó su huso horario al de Alemania con el fin de no perturbar las horas marcadas para las acciones militares en el exterior. Cuando la contienda hubo finalizado, algunos países como Inglaterra o Portugal decidieron volver a sus husos horarios originales pero la España gobernada por Franco decidió que no. Hasta hoy.

En cuanto a la economía, y más concretamente en el campo de la energía, adelantamos una hora el reloj para reducir nuestro consumo de electricidad y, fundamentalmente, porque una directiva vinculante de las instituciones europeas así nos lo ordena. Según el IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía), dependiente del Ministerio de Industria, podemos llegar a ahorrar un 5% del consumo habitual de iluminación, que supone en términos absolutos una cifra estimada de 300 millones de euros, de los cuales unos 90 serían derivados del consumo doméstico.

Nuestro huso horario (GMT+1) y el que nos correspondería por zona |Ecosistema Urbano

Nuestro huso horario (GMT+1) y el que nos correspondería por zona |Ecosistema Urbano

Además, el propio IDAE ha emitido un listado de diez recomendaciones para reducir el coste de nuestra tarifa eléctrica, entre las cuales está un mejor aprovechamiento de la luz solar, sustituir nuestras bombillas por unas nuevas de bajo consumo, instalar detectores de presencia que regulen la luz automáticamente cuando hay personas en las estancias y, aunque parezca mentira, apagar la luz cuando no sea necesario su uso.

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