Luces y sombras del 1 de mayo

Luces

La celebración del Primero de Mayo, día del trabajador, se ideó en el Congreso de Sindicatos de Estados Unidos de diciembre de 1888 en Sant Louis para recordar los sangrientos sucesos ocurridos en Chicago durante el 1 y el 4 de mayo de 1866. Una revuelta -la de Haymarket- en la que la huelga de trabajadores consiguió reducir la jornada laboral a 8 horas pero que fue violenta y causó la muerte a varios obreros y a un policía. Además, obreros, sindicalistas y anarquistas fueron condenados a cadena perpetua o a trabajos forzados y a 5 de ellos se los ejecutó en la horca tras un juicio sin las mínimas garantías legales y procesales.

Más tarde, la Segunda Internacional Socialista en el Congreso de Bruselas de 1891 institucionalizó la fecha del 1 de mayo con el objetivo de celebrar huelgas y manifestaciones de carácter solidario y fomentar la unidad entre la clase trabajadora de diferentes países. Desde entonces, el movimiento obrero y la reivindicación de los derechos laborales de las clases trabajadoras ha sido una constante durante todo el siglo XX y parte del XXI. La jornada laboral de ocho horas, el derecho a la baja, la prestación por desempleo, seguro médico o vacaciones pagadas han sido conquistas de una sociedad que ha conducido su reivindicación a través de unas organizaciones sindicales que hoy están en cuestión, pero que en su momento desempeñaron una labor importantísima para las clases baja y media que, recordemos, significan el noventa por ciento de la población.

Sombras

En la actualidad, el 1 de mayo, una fiesta que intenta alcanzar las mejores condiciones para los trabajadores, se ha convertido en una jornada en la que solo las organizaciones sindicales se manifiestan para intentar sensibilizar a la clase obrera y a la opinión pública sobre los problemas de los trabajadores, cuando debería ser un día en el que todos los trabajadores saliesen juntos a la calle para reivindicar sus derechos para que éstos no se pierdan, para que no se diluyan las condiciones laborales, para quejarse de la gran tasa de paro que sufre el país o para que el Gobierno deje de crear medidas para incentivar el trabajo que son solo parches.

En el siglo XIX se consiguieron derechos laborales que ahora vemos como algo normal y natural, pero no debemos olvidar que antes no existían, que alguien luchó para que hoy podamos tenerlos y que aún así hay países que no los tienen.

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