Destino Recuperación: lo que dejamos en el camino

Mario Nespereira | Barcelona

En el año 2012, el economista y escritor venezolano Moisés Naím adelantó en su columna semanal de diario EL PAÍS que la desigualdad sería el tema cardinal de la política económica en los años posteriores a la Gran Recesión. Los pronósticos parecen haberse cumplido. Según datos revelados por el propio Naím, la cantidad de artículos académicos sobre la desigualdad han aumentado un 25% respecto el 2011 y un 237% si tomamos 2004 como año base. Y no sólo el mundo académico. Poderes políticos y sociales se están dando cuenta de la magnitud del problema que tienen entre manos. El Papa Francisco, se dirigió a comienzos de este año al Foro de Davos para animar a  poner freno a la creciente desigualdad: «la exclusión y la desigualdad, matan» dijo el Pontífice. Barack Obama, en su sexto discurso sobre el Estado de la Unión, hizo alusión al empobrecimiento de la clase media americana y al riesgo de exclusión social de las clases más desfavorecidas.

 Obama y Joseph E. Stiglitz comparten escenario principal. Estados Unidos es el marco hegemónico en el que se desarrolla una de las obras capitales para aproximarse y profundizar en las consecuencias –políticas, económicas y sociales— del crecimiento económico desigual. El precio de la desigualdad es el ensayo del Premio Nobel de Economía y antiguo economista jefe del Banco Mundial que ha recibido elogios de la comunidad económica mundial y de buena parte de los líderes de todo el mundo. Sobre todo, de los cercanos a tendencias de centro-izquierda con las que Stiglitz siempre ha congeniado. En el libro que lleva por subtítulo «el 1% de la población tiene lo que el 99% necesita» no se examina tanto la desigualdad como hecho económico en sí mismo, sino la consecuencias –el precio— que esta puede causar en la sociedad. Como dibujo ilustrativo de la situación de disparidad que vive Estados Unidos, algunos datos: el 5% de los más ricos atesora más de dos tercios de su patrimonio en acciones (y no en la economía productiva, la que crea empleo, como suele pensarse), la esperanza de vida ha descendido en los años de la crisis (cinco años en las mujeres) hasta niveles similares a los rusos después de la caída de la Unión Soviética, los 400 hombres y mujeres más ricos de América perciben más del doble de ganancias que en el año 1992; las 16000 familias que forman la élite americana se llevan un 5% de la renta nacional, cuatro puntos más que en 1980.

Stiglitz describe, avalado siempre por los datos, cómo la recuperación económica de Estados Unidos –que en 2012 creció un 2,8%se está dejando en el camino a la mayor parte de la población. La crítica es muy aguda cuando se refiere a las medidas adoptadas por la Reserva Federal, a su juicio, siempre dirigidas a los más ricos. Unos ricos que mantienen sus prebendas gracias al apoyo financiero que le prestan a los partidos políticos y a sus campañas electorales: 2000 millones de gasto en la última campaña presidencial fueron recaudados por el 1% más rico del país.

 Se establece una correlación entre el nivel educativo de la clase baja y su poder adquisitivo. Las familias que tienen un nivel educativo menor son las que peor lo están pasando en la crisis. En los últimos 20 años, los salarios para las clases populares han aumentado un 15%, para el llamado «1 por ciento» ha aumentado un 150%. En Estados Unidos, el sistema de educación público no es comparable al privado, y mientras los alumnos de universidades privadas pueden hacer prácticas en empresas sin cobrar, los estudiantes de universidades más asequibles, y por tanto de menor nivel, no pueden permitirse el lujo de trabajar sin remuneración. Entre otras cosas, porque tienen que hacer frente al pago de los créditos universitarios que solicitaron.

 El actual sistema, nacido de la economía de mercado y las democracias parlamentarias occidentales se está erosionando en un doble sentido: una crisis de legitimidad y otra de credibilidad. Los jóvenes no creen en su élite dirigente porque no es capaz de proporcionar un ascensor social eficaz. Las clases trabajadoras y medias observan cómo la política fiscal no está diseñada para la recaudación en las rentas más altas, o bien, que los frutos de su trabajo son objeto de corrupción y apropiación indebida. Todo ello es, también, consecuencia de un régimen desigual.

El autor del libro, en una conferencia en World Economic Forum | IBTimes

El autor del libro, en una conferencia en World Economic Forum | IBTimes

 Cuestiones estructurales como estas, que en palabras de Stiglitz «socavan los principios políticos democráticos», han sido enunciados por otros autores que han tomado como base las teorías del americano sobre la desigualdad. Es el caso de Andrés Ortega con su libro Recomponer la democracia, en clave española, y de Thomas Piketty, el economista de al que Stiglitz ha dedicado palabras de reconocimiento. Piketty, doctor en Economía, ha escrito «El capital del siglo XXI», de 700 páginas, que ha supuesto un auténtico boom en los estudios económicos de la desigualdad. En la obra, el francés, sostiene que la desigualdad es una condición intrínseca al capitalismo –la sentencia parece obra del mismísimo Marx—. Dicha desigualdad es producto de que la remuneración del capital (r) es superior al crecimiento económico (g) y la ha resumido en una sencilla fórmula: r>g. Todos estos libros se publican en medio de una vorágine de estudios y aportaciones que alarman sobre la necesidad de tomar medidas urgentes. La ONG Intermón Oxfam ha publicado un estudio que dice que el «1 por ciento» concentra el 95% del crecimiento de la recuperación o que 85 personas acumulan tanto patrimonio como los 3570 millones de personas –la mitad de la población mundial— más pobres del planeta.

 ¿Y qué ocurre con España? Aunque exista un prólogo específico del libro dedicado al caso español, no es esta obra un manual de referencia para conocer las particularidades de la desigualdad en el país. El índice de Gini –la herramienta más reconocida para medir la desigualdad— muestra que España es el país de la OCDE en el que más ha crecido la desigualdad durante estos años de crisis tras haber alcanzado el mínimo histórico (0,322 sobre 1) en 2008. Así lo confirman, también, el Fondo Monetario Internacional y el Eurostat. En el primer periodo de la Gran Recesión, entre 2007 y 2010, un 10% de clase baja perdió un tercio de sus ingresos. Una décima parte de los más ricos apenas perdió un 1% de su riqueza. Estos indicadores han tenido como resultado el descenso de la esperanza de vida en España que, aunque leve, es el primero tras una tendencia alcista de décadas. Según Gestha, la asociación de técnicos de la Agencia Tributaria, hay un 28% más de personas que han pasado a vivir por debajo del umbral de la pobreza y uno de cada cuatro niños puede padecer malnutrición infantil, a tenor de un informe de la ONG Educo. Entre los jóvenes, la desigualdad ha aumentado cinco puntos. La OCDE achaca este aumento de la pobreza al enorme aumento del desempleo. El descrédito es tal que un 80% de los españoles cree que el Estado de Derecho beneficia a los más ricos.

El Premio Nobel pone encima de la mesa un problema determinante: cómo en una democracia el «1 por ciento» ha sometido a sus intereses al 99 por ciento restante. Ello puede deberse a que la mayoría de ciudadanos, americanos o no, desconocen el alcance de las consecuencias de la desigualdad, creen que hay menos de la que realmente existe, subestiman la capacidad de actuación del gobierno o piensan que adoptar medidas al respecto tendría un coste demasiado elevado. Sea como fuere, la desigualdad ya es un fenómeno tangible que no se escapa a ojos de nadie. Es de agradecer que obras como El precio de la desigualdad arrojen luz sobre una cuestión que afecta a nuestro sistema político, a las relaciones sociales, a nuestro bienestar. En definitiva, a nuestra vida.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s